Un grupo de migrantes venezolanos en el sur de Florida enfrenta una situación angustiante: desean regresar voluntariamente a su país, pero carecen de los documentos necesarios para hacerlo. Nueve personas, entre adultas y menores de edad, durmieron varios días en el Aeropuerto Internacional de Miami antes de que la organización sin fines de lucro Hermanos de la Calle les brindara alojamiento en un hotel.
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El obstáculo de los documentos de viaje
El principal impedimento para que estos migrantes regresen a Venezuela es la falta de un documento específico conocido como «salvoconducto» o autorización de viaje. Las aerolíneas exigen este documento antes de permitir que los pasajeros aborden un vuelo hacia Venezuela.
Según las normas vigentes, los ciudadanos venezolanos deben presentar un pasaporte válido o un documento de viaje oficial emitido por un consulado venezolano para poder viajar de regreso al país. Sin embargo, obtener este documento se ha vuelto prácticamente imposible para muchos migrantes en Estados Unidos.
La razón es clara: durante años, las relaciones diplomáticas entre Washington y Caracas han sido limitadas y tensas. Esta situación ha dejado a los venezolanos sin acceso a consulados funcionales en territorio estadounidense, complicando enormemente el proceso de obtención de documentos de viaje.
Historias de desesperación y esperanza
Yalitza Pérez es una de las personas atrapadas en esta situación. Ella llegó a Miami con la esperanza de reunirse con su esposo, quien fue deportado desde Missouri en enero, y regresar a Venezuela con sus dos pequeñas hijas. «Quiero irme porque no tengo familia aquí», expresó Pérez en español.
Como otros en el grupo, Pérez se registró en la aplicación CBP Home del gobierno federal, un sistema diseñado para ayudar a migrantes a coordinar salidas voluntarias. Aunque recibió confirmación de su registro, le informaron que aún necesitaba el documento de viaje venezolano para poder partir.
Pedro Indriago, de 38 años, explica que todos enfrentan el mismo obstáculo. «Se nos exige tener un salvoconducto para subir a un avión», comentó. Muchos de estos migrantes cruzaron la frontera sur de Estados Unidos y entregaron sus pasaportes a las autoridades federales al momento de ingresar al país.
Sin esos documentos y sin acceso a un consulado venezolano, ahora carecen de un camino claro para obtener la autorización requerida. Por eso, dependen de que familiares en Venezuela aseguren y envíen el documento por su cuenta. Indriago pasó aproximadamente diez días durmiendo en el Aeropuerto Internacional de Miami antes de ser reubicado.
Vulnerabilidad ante el fraude
La desesperación por regresar a casa ha hecho que algunos migrantes sean víctimas fáciles de estafadores sin escrúpulos. Carlos Machado cuenta que pagó novecientos dólares, en dos ocasiones diferentes, a alguien que se hacía pasar por abogado en redes sociales y prometía obtener el documento requerido.
Indriago perdió mil doscientos dólares en un esquema similar. Ninguno de ellos sabe cuánto tiempo más tardará en resolver su situación, ni si lograrán recuperar el dinero que invirtieron en estos intentos fallidos.
Estas estafas reflejan la vulnerabilidad extrema en la que se encuentran estas familias, atrapadas entre la esperanza de regresar y la realidad de un sistema burocrático que parece trabajar en su contra.
Búsqueda de ayuda y espera incierta
La organización Hermanos de la Calle, que generalmente atiende a familias sin hogar en el sur de Florida, fue alertada por la policía sobre la presencia del grupo en el aeropuerto. «Los encontramos en el aeropuerto y los trasladamos a este hotel», explicó Ricardo Pinza, quien trabaja con la organización.
Pinza reconoce que hay poco que puedan hacer para ayudar a obtener los documentos de viaje requeridos. Sin embargo, la organización se ha comunicado con la oficina de la Congresista María Elvira Salazar para solicitar asistencia en este asunto.
De acuerdo con el grupo, la oficina de la congresista solicitó una lista de los migrantes y planea enviarla al Departamento de Estado estadounidense con la esperanza de acelerar el proceso. Por ahora, las familias permanecen en una situación de incertidumbre total, sin una línea de tiempo clara para cuando podrán regresar a casa.
Pérez ha sido informada que podría recibir el documento alrededor de mediados de abril. Hasta entonces, lo único que pueden hacer es esperar y mantener la esperanza de que pronto podrán reunirse con sus seres queridos en Venezuela y comenzar nuevamente sus vidas en su país natal.





